A pesar de que es frecuente que el exceso de grasa vaya asociado al sobrepeso, no siempre es así. Si eres una persona de complexión delgada te retamos a que compruebes si posees grasa abdominal acumulada. Ponte de pie, mírate al ombligo, ¿consigues ver la goma de la ropa interior? Si la respuesta es negativa estaríamos ante un ‘falso delgado’ con exceso de adiposidad localizada en la zona de la barriga.
Esto es debido a que el peso corporal es la suma de distintos tejidos (graso, óseo, muscular, líquidos), de modo que es posible pesar poco pero esconder un alto nivel de grasa corporal.
La adiposidad abdominal no debería combatirse por cuestiones estéticas, sino por salud, ya que es la más perjudicial de todas. La hipertensión, la diabetes, la osteoporosis, problemas cardíacos, asma e incluso la demencia, están directamente relacionados con esta tipología de grasa. Esto es debido a que se acumula en torno a los órganos del abdomen, a diferencia de la subcutánea que se encuentra bajo la piel y se da, por ejemplo, en brazos o muslos.
El origen de este desequilibrio puede deberse a alimentación poco saludable, al abuso de comidas con grasas saturadas y azúcares, poca actividad física, falta de descanso o simplemente por el transcurso del tiempo.
Otro tipo de grasa localizada muy común, también en personas delgadas, es la que se acumula en caderas, glúteos y piernas. Esta suele venir asociada a la celulitis y piel de naranja, y que también se puede trabajar y combatir.





